Once cosas sobre las que construir un futuro de la educación distinto al que conocíamos

El director de Tecnologías para el Aprendizaje de la Institución Educativa SEK, Joaquín Rodríguez, ha escrito una interesante reflexión con el título 11 cosas que deberíamos haber aprendido durante esta crisis, que ha publicado en la web de la Asociación Educación Abierta, de la que es miembro. A continuación se reproduce el contenido publicado:

 

Algunas semanas después del momento más álgido de la pandemia, echando la vista atrás, hay al menos once cosas que deberíamos haber aprendido, once cosas sobre las que construir un futuro de la educación distinto al que conocíamos:

1. Educación no equivale a escolarización: hemos derribado, forzosamente, los muros de las aulas y nos hemos dado cuenta que la educación es mucho más que la mera escolarización, que las aulas y los calendarios son una contingencia en el proceso de aprendizaje, que aprender necesita de todos y puede y debe suceder en todo momento y lugar.

2. No podemos, no debemos dejar a nadie atrás: las brechas y las segregaciones se agrandan en tiempos de crisis y la política educativa debe cauterizarlas. La escuela no puede ser el lugar en el que se multiplique y justifique la diferencia sino la institución que respalde el desarrollo pleno de las potencialidades de todas y cada una de las personas a su cargo.

3. Hemos aprendido mucho unos de otros, cada uno con sus saberes y habilidades: la educación para todos significa, como dijo Ivan Illich, educación por parte de todos. No podemos ni debemos prescindir de los conocimientos, habilidades y competencias de nadie. Los más necesarios, a menudo, son los menos valorados. Así lo hemos redescubierto durante este periodo. Debemos asegurarnos de que todo ese patrimonio de conocimientos no necesariamente académicos, puede ser compartido y puesto a disposición de la comunidad.

4. Momentáneamente, al menos, cambió nuestra escala de valores: que llevemos tiempo discutiendo sobre las soft skills es bueno, porque mejorar nuestra empatía, comunicación, capacidad creativa o de resolución de problemas, siempre será bueno, en cualquier circunstancia, sobre todo en la imprevisibilidad de los tiempos que se avecinan. Pero siendo importantes, son insuficientes: ¿qué hay de la atención a los demás, de los cuidados, de la interdependencia y de la cooperación, de la resiliencia comunitaria, de la biofilia y la conexión recobrada con la naturaleza? Es indispensable que todos esos valores y competencias formen parte de nuestra nueva mochila competencial.

5. La ciencia sirve para remediar nuestras debilidades: si la ciencia, la medicina, la biología, la inmunología, han servido y sirven para algo, es para aliviarnos de las arremetidas de la naturaleza contra nuestra intrínseca debilidad. En realidad, todas las ciencias deberían plantearse como objetivo único y fundamental atenuar el sufrimiento humano, amortiguar las tribulaciones, aplacar nuestras penalidades. Es importante repensar la función de la ciencia en nuestra sociedad y, correlativamente, el papel que la sociedad debe asumir en la vigilancia y conducción de la ciencia.

6. Aprendimos en cualquier momento y en cualquier lugar: aprender se convierte en algo limitado, vinculado a horarios, correlacionado con la escasez, cuando nos imaginamos asignaturas, calendarios y aulas, pero aprender es una tarea que dura una vida. Y hoy sabemos, además, que gracias a la tecnología podemos imaginarla ubicua.

7. Los contenidos no son tan importantes como los retos a los que nos enfrentamos: nuestros currícula están henchidos de contenidos prescindibles, innecesarios, y apenas se presta tiempo y atención a la resolución de retos y problemas reales. Aprender es enfrentarse a situaciones auténticas y ser capaz de resolver creativamente el problema planteado. Es cierto que, para encontrar una solución, será imprescindible contar con el conocimiento necesario, pero sin desligarlo de la situación real a la que debamos enfrentarnos.

8. Incrementamos obligatoriamente nuestra autonomía en la gestión de nuestro propio aprendizaje: aprender a aprender, gestionar de manera autónoma y atinada nuestro propio proceso de aprendizaje, es una de los principales capitales derivados de este periodo, fundamento imprescindible del aprendizaje a lo largo de toda la vida.

9. Nos conectamos en una red de ayuda mutua, valiéndonos de las tecnologías digitales: las redes nos salvan la vida, y las tecnologías nos facilitan las conexiones significativas. El buen uso de la red y de todos los aplicativos y herramientas que potencian nuestra relación solidaria, nos hacen crecer en inteligencia y capacidad de intervención.

10. Nos dimos cuenta que los errores son fundamentales para tomarlos en cuenta y aprender de ellos: el error es fuente de saber, paso fundamental dar con la solución adecuada. No aprendemos sin errar. No aprendemos cuando no reflexionamos sobre el error, que es algo diferente. Y no aprendemos cuando sancionamos el error.

11. Examinar no tiene nada que ver con educar: las calificaciones son una absurda reducción del complejo proceso de maduración y aprendizaje de una persona. Es más importante la trama que el desenlace, como dice una famosa canción, porque el aprendizaje se produce a lo largo del camino, y en la llegada a la meta, en la última de las etapas, siempre puede suceder algún imprevisto que parezca desacreditar el proceso. Sin restar importancia al sprint final, educar tiene más que ver con las metas volantes y las largas etapas de montaña.

 

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