Fomentar la autonomía de los niños mejora su aprendizaje

Uno de los objetivos principales de la educación en la etapa infantil es conseguir que los más pequeños logren la máxima autonomía en su aprendizaje. Fomentar esta independencia, sobre todo en el entorno familiar, es muy importante en su desarrollo.

No es algo nuevo. Ya a mediados del siglo pasado, educadores de renombre como Célestin Freinet y Paulo Freire manifestaron que la autonomía es un pilar fundamental en el desarrollo de los estudiantes. También María Montessori afirmó que “cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”.

Por esta razón, Ana Isabel Iglesias Pérez, profesora de SEK-Atlántico, e Isabela García Senent, directora de Innovación Pedagógica e Internacionalización en SEK Education Group, animaron a familias y educadores en una reciente sesión de Aula de Familias a “ofrecer desafíos que los niños puedan afrontar de forma independiente, guiándolos hacia la autosuficiencia”.

Una de las maneras de lograr esta meta es crear entornos en los que los más pequeños se sientan seguros de tomar decisiones por sí mismos. Esas decisiones propias serán la semilla que les permitirá desarrollar paulatinamente su autonomía y tomar las riendas de su propia educación.

Espacios a su medida

¿Cómo se puede organizar un entorno de apoyo seguro? Según Iglesias, “deberíamos observar nuestra casa desde la perspectiva de un niño”. Para explicar este concepto, puso varios ejemplos, como dejar las cosas que los niños necesiten a una altura a la que ellos alcancen -y que de esa manera no dependan de un adulto para cogerlas-, que tengan en su habitación una cama bajita para que puedan subir y bajar cuando quieran sin generarles miedo a las alturas, tener la ropa en estanterías abiertas a su alcance, o retirarles los juguetes que no usen y dejarles cada semana dos o tres para que los exploren más en profundidad. En resumen, no hay que pensar sólo en lo estético, sino que hay que ofrecerles un espacio adecuado para jugar con una circulación libre.

El valor de la naturaleza

Los pequeños no sólo pueden aprender en espacios interiores, los entornos exteriores son igual de importantes para su evolución. En estos espacios es donde se desarrollan en mayor medida los aspectos emocionales, sociales, cognitivos y físicos de los niños, ya que ofrecen un ramillete de estímulos multisensoriales únicos.

“La autonomía no se limita al hogar o la escuela, sino que se extiende a entornos exteriores, ofreciendo numerosas oportunidades de crecimiento. La naturaleza es muy sabia, y es el entorno perfecto y más natural para que un niño aprenda”, aclaró la directora de Innovación Pedagógica.

García Senent afirmó que nuestro cerebro no está preparado para aprender a través de una pantalla, sino que está desarrollado para aprender en un mundo en el que nos enfrentamos a distintos materiales naturales e interactuamos con personas: “Los niños aprenden a través de todos sus sentidos, necesitan ver, observar, oler, oír, tocar, meterse cosas en la boca… estas interacciones forman vías cognitivas”.

Aprender de nuestro entorno facilita el desarrollo de nuestras habilidades de comunicación con otras personas. Estas habilidades, además del habla, incluyen otros aspectos, como el social -saber cómo relacionarse con todo tipo de gente, tanto adultos como otros niños- o el emocional -aprender a gestionar nuestras emociones y las de otras personas-, algo que sólo se logra mediante el contacto presencial con otros seres humanos.

Otro aspecto diferencial de los espacios exteriores es que “jugar en un entorno natural ayuda a los niños a desarrollar habilidades motoras gruesas -por ejemplo, construir refugios- y habilidades motoras finas, como recoger objetos pequeños”.

Para que estos aprendizajes se conviertan, a su vez, en experiencias agradables para los más pequeños, es imprescindible la observación y la presencia de las familias, de manera que guíen o apoyen a los más pequeños a entender aspectos que no podrían interiorizar de manera independiente y los ayuden a gestionar sus frustraciones -que son una parte inevitable del proceso de desarrollo-, pero siempre sin interferir en su autonomía.

Nueve recetas para la autonomía

Para que los niños desarrollen todo su potencial de manera autónoma y aprendan sin ayuda los máximos conceptos posibles, Ana Isabel Iglesias e Isabela García ofrecen varios puntos clave que los padres y madres pueden realizar con sus hijos en el entorno familiar.

  • Crear un entorno seguro
  • Organizar los espacios y materiales para facilitar la autonomía
  • Ofrecer opciones limitadas
  • Establecer rutinas
  • Fomentar la responsabilidad
  • Plantear retos que puedan resolver por sí mismos
  • Apoyar la resolución de problemas
  • Promover la independencia gradual
  • Reconocer y elogiar los esfuerzos
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