José María Álvarez-Pallete alerta en el XI Simposio Felipe Segovia del “vasallaje digital” y reclama un nuevo contrato social en la era de la inteligencia artificial

El expresidente de Telefónica y antiguo alumno SEK, José María Álvarez-Pallete, protagonizó una de las conferencias más esperadas del XI Simposio Felipe Segovia, en la Universidad Camilo José Cela, con una ponencia titulada “Dioses contra el caos”. Desde la experiencia de 26 años en la compañía y ahora, como él mismo subrayó, con “más tiempo para filosofar”, ofreció una lectura global de la revolución tecnológica en curso y de sus consecuencias sociales, políticas y económicas. “Estamos viviendo la mayor revolución tecnológica de la historia de la humanidad”, advirtió, para subrayar que ninguna generación previa ha afrontado un nivel de cambio comparable al actual.

Para enmarcar el momento presente, Álvarez-Pallete recurrió a la mitología griega: del caos inicial solo se salió con la energía de los dioses, y hoy, señaló, el mundo vuelve a estar sometido a una enorme entropía. Tras recordar el orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial (Bretton Woods, ONU, Banco Mundial, comercio global) y su transformación tras la caída del Muro de Berlín y la globalización, situó un nuevo punto de inflexión en la confluencia tecnológica de la movilidad, la computación y, más recientemente, la inteligencia artificial. “En los próximos siete años, la IA va a tener un impacto 70 veces mayor que la Revolución Industrial en sus primeros 70 años”, afirmó, subrayando la velocidad exponencial del cambio.

Ese salto tecnológico, explicó, se produce además en un contexto de inestabilidad geopolítica y económica: guerras abiertas en Europa, proliferación de conflictos armados, inflación, fragmentación del comercio mundial y aumento del gasto en defensa. Citando el llamado “reloj del juicio final”, recordó que hoy el mundo estaría a “un minuto y 29 segundos” de un hipotético desastre nuclear, más cerca que en plena crisis de los misiles de Cuba. A esta tensión se suman las nuevas formas de guerra —espacio, ciberespacio, desinformación— y el peso creciente de las llamadas “amenazas híbridas”: campañas masivas de ciberataques y manipulación informativa que preceden a los conflictos.

Uno de los ejes de la conferencia fue la economía de los datos, que describió como un mercado gigantesco pero invisible para la mayoría de los ciudadanos. “Nos pasamos la vida minando datos para que otros se hagan ricos”, resumió. Recordó que ya hay cerca de 30.000 millones de personas y objetos conectados, que cada uno de nosotros genera decenas de gigabytes diarios y que un coche conectado puede producir entre 5.000 y 20.000 GB de datos al día. Mientras, las grandes plataformas digitales concentran más de la mitad del tráfico global y consumen energía y agua “en magnitudes de país”, hasta el punto de que el crecimiento de la IA podría llegar a usar tanta electricidad como Japón y tanta agua como Suecia en un año.

En ese escenario, denunció que Europa “vive regulando caballos en un mundo de autopistas”, alejada de la carrera tecnológica que lideran Estados Unidos y China. Mostró cómo las principales compañías y las tecnologías más críticas están dominadas por otros bloques y llamó a una política industrial clara, a una regulación coherente y a condiciones de competencia equitativas para sectores fuertemente regulados, como las telecomunicaciones, frente a nuevos actores prácticamente sin restricciones. Pero insistió en que la respuesta no puede ser solo técnica o económica: “Este no es el momento de la tecnología; es el momento de las ciencias sociales”.

Álvarez-Pallete dedicó una parte importante de su intervención a los impactos humanos de esta transformación: el aumento de la desigualdad, la polarización política, el deterioro de la salud mental de los jóvenes y la ruptura del “ascensor social”. Se detuvo en el efecto de las redes sociales sobre la autoestima y la ansiedad de adolescentes y universitarios, especialmente en las chicas, y recordó que, por primera vez en décadas, el paro juvenil supera al desempleo general. “Esta generación no tiene garantizado vivir mejor que sus padres. Eso es un drama que como sociedad no podemos permitirnos”, subrayó, reclamando a la educación un papel clave en la recualificación masiva y en la protección de las oportunidades.

Frente a las corrientes que reducen a las personas a “algoritmos bioquímicos” y sitúan el flujo de datos por encima de la libertad individual —lo que denominó dataísmo—, el ponente defendió la necesidad de un retorno al humanismo. “El valor humano es intrínseco y está por encima del algoritmo. El algoritmo solo tiene sentido si mejora la vida de las personas”, afirmó. En este sentido, planteó la urgencia de un nuevo contrato social que redefina la dignidad, la propiedad de los datos, la redistribución de la riqueza, la defensa de la verdad y la protección de la democracia en un ecosistema mediático dominado por plataformas que “no son neutrales” y cuyo algoritmo premia aquello que más polariza.

Aunque alertó de los riesgos, Álvarez-Pallete insistió en que no se trata de rechazar la tecnología, sino de orientarla. Enumeró algunos de los avances que la IA ya está haciendo posibles —desde el diseño de nuevos medicamentos hasta el diagnóstico médico avanzado, la predicción de desastres naturales, la mejora de la producción agrícola o la inclusión de personas con discapacidad— y se mostró convencido de que “la tecnología siempre acaba siendo buena si se usa bien”. La cuestión decisiva, dijo, es quién decide cómo se usa y con qué valores.

La respuesta, a su juicio, no puede dejarse en manos de los grandes conglomerados tecnológicos. En su lugar, apeló a la sociedad civil y al mundo académico como actores llamados a liderar este debate. “Necesitamos filósofos, sociólogos, antropólogos, juristas, economistas, políticos… que nos ayuden a formular las preguntas que tenemos que hacernos”, reclamó, citando la célebre idea de que, en tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario. Y lanzó, a modo de desafío final al auditorio del XI Simposio Felipe Segovia, una pregunta abierta: “¿Quiénes van a ser los nuevos dioses del Olimpo que ordenen este caos: los países, las plataformas o las personas? Si queremos que sean las personas, el momento de actuar es ahora”.